El orgullo de una comunidad para detener la deforestación tropical


En 1984 me mudé a Paragominas, un pequeño pueblo y municipio cerca del extremo oriental de la selva amazónica. El objetivo era hacer investigación para mi doctorado sobre la regeneración forestal de los pastizales abandonados y yo estaba enfocado en las hormigas cortadoras, los murciélagos, y los ratones. Sin embargo, en los próximos años, los ganaderos, madereros, jornaleros inmigrantes, caboclos y los activistas que luchaban por los derechos de la tierra resultaron ser la fuente más importante de mi aprendizaje. Ellos me enseñaron que la falta de aplicación de las leyes forestales generaba una cultura de corrupción, que los conflictos sobre la tierra se resolvían contratando a sicarios y que el “bien común” no era más que un concepto teórico.

Aprendí que los límites de los bosques, en donde ocurre la mayor parte de la deforestación tropical del mundo, habitan muchos oportunistas sin escrúpulos que buscan acaparar los recursos. Pero también aprendí que estas zonas están llenas de líderes muy valientes que quieren ganarse la vida de forma honesta aprovechando los recursos que ofrece la tierra. Estos campesinos y empresarios casi nunca son tomados en cuenta en las discusiones internacionales sobre la deforestación a pesar de ser clave para el éxito de estos esfuerzos.

En 2008, un grupo de estos líderes hizo historia. El alcalde y los campesinos de Paragominas decidieron erradicar la deforestación y además decidieron hacerlo de forma colectiva (ver la gráfica a continuación). En septiembre de 2013, sus avances se publicaron en la revista The Economist como ejemplo de un grupo de líderes locales que habían contribuido a detener la deforestación en el Amazonas.

Cuando le pregunté a Percio, uno de los ganaderos que formaba parte del grupo, cuál era su motivación él me respondió “meus filhos” (mis hijos). Quería que sus hijos y nietos pudieran tener una buena calidad de vida en Paragominas. Quería poner de su parte para hacer de Paragominas un lugar del cual estar orgulloso. Me había dicho lo mismo en 1984 en la fiesta de cumpleaños de su hija, pero en ese entonces las condiciones no eran las adecuadas.

En 2008, el Gobierno de Brasil creó las condiciones favorables para la acción colectiva al establecer la “lista negra” de deforestación, eliminando los créditos baratos para las empresas y campesinos de 36 municipios de la región amazónica donde el nivel de deforestación era muy alto, incluyendo Paragominas. En ese momento fue necesario tomar acciones colectivas porque la medida del éxito era la deforestación total en todo el municipio. Los municipios con más de 40 km2 de deforestación al año formarían parte de la lista. Presión del grupo de pares para detener la deforestación fue intensa.

Los líderes, que habían llegado en su juventud y habían tenido a sus familias en Paragominas, decidieron actuar cuando se dieron cuenta que la deforestación era una amenaza para el futuro de la región. Al ver el éxito que tuvo el municipio, el gobernador del estado de Pará, Simão Jatene, decidió crear un programa estatal para promover acciones similares en otros municipios que buscaban reducir la deforestación. Así nació el “Programa Municipios Verdes”.

Estar orgulloso de tu lugar y de tu comunidad puede llevar a cambiar tu comportamiento. Ésta es una parte fundamental de las instituciones democráticas y algún día será clave para acabar con la deforestación tropical. El orgullo se arraiga cuando existen mecanismos sencillos para reconocer y recompensar el trabajo y las buenas ideas que pueden hacer de un sitio un buen lugar para vivir. Además, se fortalece cuando las leyes y regulaciones son justas y se implementan de forma correcta, cuando el cumplimiento de la ley es la norma. El orgullo crece cuando la diversidad étnica y cultural de una región, la exuberancia de sus ecosistemas nativos y la resiliencia y producción de sus sistemas agrícolas y forestales se arraigan en la identidad de la sociedad.

Por el contrario, el orgullo es golpeado cuando los dueños de la tierra y los líderes políticos regionales son agraviados y cuando los líderes que sí cumplen la ley son agrupados en la misma categoría que los oportunistas sin escrúpulos y son considerados enemigos de la selva por igual.

Crear un sentimiento de orgullo regional es un elemento clave del enfoque “jurisdiccional” a la deforestación tropical. Al establecer objetivos colectivos para abordar la deforestación, lograr el cumplimiento de la ley, mejorar la productividad agrícola y las oportunidades económicas de los pequeños productores, el logro de dichos objetivos se torna una cuestión de orgullo. Cuando el avance hacia los objetivos genera reconocimiento nacional e internacional, un mejor acceso a los mercados, mejores inversiones y oportunidades económicas, además de una región más sana y agradable, se genera una mayor determinación hacia el cumplimiento de los objetivos.

El enfoque jurisdiccional puede traer beneficios a todos los sectores, excepto a los oportunistas sin escrúpulos que menciono arriba. Las empresas que producen o compran materias primas pueden reducir los costos de sus negocios dialogando con los gobiernos regionales e identificando y abordando los riesgos más serios y los retos de infraestructura. El sector agrícola puede beneficiarse a través del establecimiento de políticas que mejoren el acceso a créditos, ofrezcan asistencia técnica, simplifiquen los trámites de licencias y ofrezcan infraestructura para la comercialización. A su vez, las comunidades se fortalecerán cuando se reconozca su derecho a la tierra y a los recursos y sus empresas reciban apoyo.

La conservación de los bosques tropicales de todo el mundo estará en las manos de los descendientes de los líderes de hoy. Si les ofrecemos las condiciones para estar orgullosos y tomar acciones colectivas, entonces ellos seguirán liderando la conservación.

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