La lucha contra el cambio climático a pesar de Trump


Recientemente, 1200 estados, condados y empresas de Estados Unidos manifestaron su intención de mantener el compromiso de Estados Unidos con el Acuerdo de París, tras la decisión del presidente Trump de salir del acuerdo. Pero este compromiso no surgió de la noche a la mañana. Los esfuerzos subnacionales por impulsar la transición hacia una economía baja en carbono han sido clave en la lucha contra el cambio climático y California y algunos estados y provincias tropicales han sido líderes en este proceso.

El Acuerdo de París fue el fruto de 23 años de diálogos y negociaciones bajo la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático. Este acuerdo entre más de 190 naciones es la pieza fundamental de los esfuerzos globales contra el cambio climático y es el resultado de años de políticas públicas innovadoras, creación de alianzas y voluntad política a favor del desarrollo de soluciones para el cambio climático que han impulsado muchos estados y provincias.

Desde hace décadas, las políticas innovadoras de cambio climático de California han sido replicadas por gobiernos nacionales y han sido observadas por la industria, ocasionando el llamado “efecto California”. Las alianzas internacionales que ha establecido California han tenido menor visibilidad, pero han logrado un impacto, especialmente en los estados y provincias con grandes extensiones forestales. La importancia de estas alianzas fue capturada por Tião Viana, gobernador del estado de Acre, quien en octubre comentó al gobernador de California Brown que, aunque la economía de Acre es 700 veces menor que la de California, su contribución a la lucha contra el cambio climático es similar.

¿Podría ser esto cierto? Acre es un estado del sureste del Amazonas brasileño, pequeño para los estándares de la Amazonía, aproximadamente del tamaño del estado de Nueva York o Inglaterra. El gobernador Viana se refería al éxito que ha tenido Acre en cuanto a la reducción de la pérdida de sus bosques, la cual debería evitar la emisión de 300 millones de toneladas de dióxido de carbono para el 2020. En comparación, California evitará 360 millones de toneladas de emisiones al 2020.

La contribución de Acre es pequeña comparada con el gigante agrícola de Brasil, el estado de Mato Grosso. El gobernador Pedro Taques lanzó el plan “Produce, Conserva, Incluye” (PCI) en París de forma paralela al acuerdo de la ONU. El plan PCI contempla evitar 4 mil millones de toneladas de CO2 para el 2030 a través de reducciones radicales en la deforestación y a través de un esfuerzo enorme de reforestación. Por otro lado, de implementarse, el Plan de Energía Limpia de Estados Unidos que la administración de Trump está desmantelando evitaría la emisión de 2.7 mil millones de toneladas de CO2 para el 2030.

Acre, Mato Grosso y California han logrado reducir sus emisiones de carbono, además de fortalecer sus economías, resolver sus problemas sociales e implementar el principio de justicia ambiental, es decir, asegurar que las poblaciones más desfavorecidas no sufran de forma desproporcional los impactos negativos que resulten de la degradación ambiental. Los tres estados han sido una fuente de inspiración para otros estados y sus gobiernos nacionales, además de luchar contra los esfuerzos regresivos de sus líderes nacionales, Temer y Trump, por lograr retrocesos en la legislación ambiental.

Sin embargo, esto es solo la punta del iceberg.

Acre, Mato Grosso y California son miembros fundadores del Grupo de Trabajo de Gobernadores para el Clima y los Bosques(GCF por sus siglas en inglés), alianza de 35 estados, provincias y gobiernos regionales. El GCF fue lanzado en 2009 con el apoyo del entonces gobernador Arnold Schwarzenneger con el objetivo de ampliar el alcance de la Ley de California de Soluciones para el Calentamiento Global a las regiones forestales tropicales. La deforestación y degradación de los bosques tropicales del mundo contribuye a las emisiones de carbono más que las actividades de los 27 países de la Unión Europea. La tercera parte de los bosques tropicales del mundo son parte del GCF y establecieron el compromiso de reducir la deforestación en un 80% para el 2020, con el apoyo de socios. Este compromiso es mayor que el establecido por los gobiernos nacionales en el marco del Acuerdo de París.

Estos compromisos pueden conducir a reducciones reales en las emisiones de gases efecto invernadero a través del establecimiento de alianzas. Por ejemplo, Noruega y Alemania han establecido alianzas con los países, estados y provincias que están comprometidas con la reducción de emisiones por deforestación y degradación forestal, a través de mecanismos de “pago por desempeño”. Los recursos son asignados cuando el socio logra reducir la deforestación, lo cual ya está ocurriendo a través del compromiso de Noruega de US$1.7 mil millones al Fondo Amazónico Brasileño debido al éxito que han tenido Mato Grosso, Acre y otros estados, en coordinación con el gobierno nacional, en cuanto a la reducción de la destrucción de la selva amazónica. El gobierno de Alemania ha asignado recursos a estados tropicales siguiendo un esquema similar.

California está dispuesta a implementar el componente de neutralización internacional de su Ley de Soluciones al Calentamiento Global, con lo cual se establecería el primer mercado regulado en el que se recompensan a los estados y provincias tropicales que logren reducir sus emisiones por deforestación.

El GCF ha sido fuente de inspiración para otra alianza global que también surgió en California, el “Under2 MOU”. Sus 175 miembros representan el 39% de la economía global y están colaborando para reducir sus emisiones de carbono y asegurar que el planeta no sobrepase los 2ºC de aumento en la temperatura.

La revolución silenciosa entre los estados y provincias que están contribuyendo a resolver la crisis del cambio climático está a la vista. Junto con la determinación de los líderes de China, Francia, Alemania y otros países de enfrentar el cambio climático y cumplir con sus obligaciones del Acuerdo de París, es posible lograr una visión de menos de 2ºC a pesar de los ataques deshonestos y retrógradas del gobierno de Trump contra la lucha al cambio climático.

Esperemos que nuestros bisnietos puedan recordar al 2017 como el año en el que un líder irresponsable desencadenó una revolución global que aceleró la transición hacia una civilización que alcanzó la neutralidad de carbono.

Daniel Nepstad, científico, es presidente de Earth Innovation Institute en San Francisco, California, organización que apoya a estados y provincias de Brasil, Indonesia, Perú y Colombia en su transición hacia la economía baja en carbono.

Em Português

In English

Dalam Bahasa

Share:
Share on FacebookTweet about this on Twitter