Conservación de los bosques tropicales en la época de Bolsonaro


Por Daniel Nepstad, Director Ejecutivo & Científico Principal, y João Shimada, Investigador Asociado

Jair Bolsonaro, el presidente electo de Brasil, representa una amenaza mundial muy crítica para el legado de conservación de bosques tropicales y el bosque tropical más grande. Si lleva a cabo lo que dice que hará, las posibilidades de evitar un cambio climático extremadamente peligroso se reducirían considerablemente.

Pero incluso bajo este gobierno radicalmente diferente, las ganancias históricas de Brasil en la conservación de bosques pueden ser aseguradas e incluso se pueden lograr nuevas victorias. La clave es demostrar a los agricultores y en general a la sociedad brasileña que los logros de Brasil en la reducción de la deforestación los benefician y que la situación empeoraría si las políticas ambientales y las áreas protegidas se ven debilitadas.

La conservación de los bosques en Brasil ha alcanzado los límites de una estrategia que ha tenido mucho éxito, pero que ha dependido de medidas de comando y control que son apoyadas e implementadas por un gobierno nacional empático. Es una estrategia que es fuerte en incentivos y débil en sanciones. Y cuando la voluntad política para aplicar sanciones se desvanece, como acaba de suceder, es relativamente fácil dejarlas de lado; un aspecto al que los defensores de un enfoque aún mayor en el comando y control no consideran. Afortunadamente, existen algunas oportunidades para ampliar el apoyo a la conservación de los bosques, tal como como explicamos a continuación.

Jair Bolsonaro ganó el 54% del voto popular en todo el país en la última vuelta de elecciones contra Fernando Haddad, el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) que ha controlado la presidencia durante 14 de los últimos 16 años. Fue elegido en una ola de frustración, enfado y miedo que surgió del aumento de la delincuencia y la violencia asociada, el estancamiento económico y el escándalo de corrupción “lava jato” (lavado de autos) que puso al descubierto a docenas de élites políticas. Fue elegido por su fuerte posición antiambiental, prometiendo liberar al sector agrícola de las regulaciones ambientales, promover la apertura de las tierras indígenas al desarrollo y desproveer de fondos a los grupos ambientales.

La geografía de las elecciones de los votantes sugiere que el poderoso sector de agronegocios de Brasil fue un partidario particularmente fuerte de Bolsonaro (mapa). No sabemos cuánto del apoyo por parte de los agricultores se puede atribuir a su posición antiambiental, pero numerosas conversaciones con agricultores y líderes agrícolas sugieren que dicho enfoque fue considerado como una ventaja por el sector.

Brasil se está dirigiendo a un territorio inexplorado. Sus presidentes han sido notablemente defensores del medio ambiente desde que se reanudaron las elecciones libres después de la finalización de la era militar en 1985. Ahora, es necesario reexaminar los supuestos básicos sobre cómo promover los bosques y una agenda socioambiental más amplia. Se necesita un movimiento populista de conservación de los bosques para complementar las elevadas metas de encontrar una solución para el cambio climático y proteger la biodiversidad, e introducir la agenda forestal a los hogares y la vida cotidiana de los ciudadanos brasileños para así competir con el populismo de derecha, nacionalista y divisorio de Bolsonaro.

El principal desafío que tenemos de ahora en adelante es construir una coalición ambiental más fuerte y amplia en Brasil para reemplazar el apoyo perdido en el gobierno nacional, y así contener los excesos de Bolsonaro y construir la base para un liderazgo más proambiental en el futuro. El sector agrícola brasileño es el punto objetivo más importante para crear esta coalición fortalecida. En la actualidad, representa aproximadamente la cuarta parte de la economía brasileña y es el bloque político más grande y poderoso de Brasil. Como se describió anteriormente, muchos agricultores se dedican a cultivar porque aman la tierra, la vida silvestre y la naturaleza. Son aliados naturales de la conservación de los bosques. Pero a lo largo de los años, se han sentido frustrados y desconcertados por la incertidumbre y la burocracia excesiva de las regulaciones ambientales, las promesas incumplidas de incentivos positivos para recompensar su transición a sistemas de producción más sostenibles y amigables con los bosques, y por el desprecio al ser vistos como enemigos del bosque.

Esto no quiere decir que el sector agrícola brasileño esté conformado principalmente por empresas y agricultores respetuosos de la ley y amantes de la naturaleza. No lo está. Más bien, lo que quiero señalar es que la agenda de conservación de los bosques ha perdido el apoyo de muchos de esos agricultores y empresas que respetan la ley y se preocupan por la conservación, y necesitamos recuperarlos.

La mejor manera de construir una coalición forestal más amplia en Brasil es hacer un mejor trabajo al abogar por la conservación frente al electorado brasileño, con un enfoque especial en el sector agrícola. A continuación, presento algunas ideas sobre cómo hacer que eso suceda.

    • Relacionarse con los agricultores de mediana y gran escala de Brasil, no denigrarlos: Durante mucho tiempo, los agricultores familiares a pequeña escala han estado en el radar de la agenda de conservación de los bosques en Brasil, y ese compromiso y participación deben continuar y expandirse. Sin embargo, la comunidad de conservación de los bosques y de agricultores a gran escala se han polarizado, y Bolsonaro parece haber aprovechado esa polarización al enfocarse en sus problemas centrales. La situación podría hacer que el antagonismo se eleve, fortaleciendo aún más el apoyo del sector agrícola para Bolsonaro. En su lugar, la comunidad de conservación de los bosques debería tratar de relacionarse y demostrar solidaridad con los agricultores en temas comunes al alcance, como la eficiencia regulatoria, los importantes proyectos de infraestructura y el acceso al mercado. Existen múltiples foros en los que esta participación ya está en marcha y podría ampliarse, como la Estrategia de Producción, Conservación e Inclusión de Mato Grosso.
  • Desarrollar incentivos positivos a nivel de fincas para la conservación de los bosques Existe una necesidad urgente de construir sistemas que brinden incentivos positivos a los agricultores para que renuncien a su derecho legal a talar los bosques en sus tierras. Esto significa implementar el Artículo 41 del Código Forestal, que proporciona el marco legal para incentivar la conservación de los bosques en fincas. Lo importante aquí es comenzar a traducir las casi 7 mil millones de toneladas de reducciones de emisiones verificadas de CO2, que tienen el gobierno nacional y los gobiernos amazónicos de Brasil y que se expanden cada año, en un importante flujo de beneficios para la sociedad brasileña y para los agricultores en particular. Se podría avanzar rápidamente al convertir las reducciones de emisiones en transacciones comerciales, ofreciendo productos básicos agrícolas con huella de carbono neutral a la creciente demanda del mercado de etiquetado de GEI en los alimentos, mientras se siguen buscando inversiones basadas en el desempeño para el Fondo Amazonía y acuerdos adicionales basados en resultados como los recientemente establecidos entre los estados de Acre y Mato Grosso con Alemania y el Reino Unido.
  • Modificar los acuerdos vigentes de “cero deforestación” para valorar el cumplimiento legal: La Moratoria de Soya y el Acuerdo de Carne de la Amazonía de Brasil y el Acuerdo de Cerrado que está en desarrollo, deben ser modificados para eximir explícitamente a los agricultores que tienen bosques en sus tierras para que pueden talar legalmente hasta que se creen mecanismos para compensarlos por renunciar a este derecho. En ausencia de esta advertencia, los agricultores están siendo penalizados por cumplir la ley, ya que sus propiedades tienen un valor inferior que las propiedades en las que se ha talado más allá del mandato legal. Estos acuerdos de deforestación cero se revisarán en los próximos informes del Banco Mundial (Nepstad & Shimada, La Moratoria de Soya de Brasil; Shimada & Nepstad, El Acuerdo de Ganado de Brasil).
  • Las empresas deben establecer asociaciones estratégicas con los gobiernos estatales y los sectores agrícolas; las ONG que hacen campañas deben ayudar: En 2014, los estados que abarcan toda la región amazónica de Brasil y 1/3 de los bosques tropicales del mundo (miembros del Grupo de Trabajo de Gobernadores sobre Clima y Bosques) se comprometieron por medio de la Declaración de Rio Branco a reducir la deforestación en un 80% para 2020 si se establecen las asociaciones correctas y el financiamiento adecuado. Cuatro años después, solo 5 de las 35 jurisdicciones a nivel mundial y 2 de los 9 estados de la Amazonía Legal brasileña han creado asociaciones formales con empresas para alcanzar este compromiso (consulte nuestro informe “Estado de la sostenibilidad jurisdiccional”). Las compañías citan que uno de los impedimentos para establecer asociaciones está relacionado al riesgo de ser atacados por Greenpeace, Mighty Earth y otras ONG que realizan campañas, debido a los actores de la lista negra que operan en estas jurisdicciones. Es urgente ajustar las estrategias de las ONG para que favorezcan las asociaciones entre las empresas y las jurisdicciones, en lugar de inhibirlas.
  • Posponer durante seis meses las nuevas iniciativas para ampliar las áreas protegidas o emitir nuevas regulaciones para los agricultores: Tales iniciativas serían pararrayos para la base rural de Bolsonaro, lo que podría fortalecer el apoyo para el desmantelamiento de la legislación ambiental y las áreas protegidas.
  • Documentar y comunicar de manera más efectiva los beneficios de la conservación de los bosques: Menos deforestación significa menos contaminación del aire y menos enfermedades y muertes. Los campos de cultivo cercanos a los bosques experimentan temperaturas extremas menos severas. Más bosques a nivel regional significan más precipitaciones, lo que garantiza la generación de energía a largo plazo de las centrales hidroeléctricas de la Amazonía.

Si logramos argumentar de manera convincente que la conservación de los bosques es buena para la economía, buena para el sector agrícola y buena para la sociedad brasileña en su conjunto, es posible debilitar la plataforma antiambiental de Bolsonaro, o incluso eliminarla por completo.