Incendios en la Amazonía: lo que sabemos y lo que podemos hacer


Los incendios actuales en la Amazonía brasileña, que han provocado protestas internacionales, son un ejemplo clásico de una «emergencia crónica». El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, después de echarle la culpa de los incendios a ONGs internacionales, reconoció que su administración no está bien equipada para combatir las llamas y poco después pidió ayuda a los servicios armados de Brasil. Pero para abordar verdaderamente la situación, lo que se necesita es una estrategia sistémica a largo plazo para la prevención, que esté conectada a un plan de desarrollo regional más amplio. El enfoque actual en el incendio amazónico, dentro de Brasil e internacionalmente, abre una oportunidad para hacer ese cambio y posponer o incluso evitar lo que los científicos llaman el «punto de inflexión» de la selva amazónica, por la cual la selva ya no puede sostenerse a sí misma.

Este blog se basa en 30 años de investigación sobre incendios en la Amazonía, incluido el mayor experimento de incendios forestales tropicales del mundo, para proponer ocho recomendaciones para Brasil y la comunidad internacional para combatir incendios a corto plazo y prevenirlos a largo plazo.

Fuego y sequía: las mayores amenazas a largo plazo para la selva amazónica

La mayor amenaza para la selva amazónica es el desplazamiento a gran escala de vegetación de matorral impulsada por eventos de sequía extrema cada vez más frecuentes, así como los incendios forestales asociados. Durante años de precipitación normal, la selva amazónica se extiende como un cortafuegos gigante a lo largo del paisaje. Los incendios provocados por terratenientes para mejorar la cobertura de los pastizales para ganado o para quemar árboles talados en preparación para cultivos o pasturas generalmente se extinguen cuando llegan al suelo de los bosques vecinos, donde la húmeda capa de hojas y ramas en la profunda sombra del bosque no arde fácilmente. Pero esa misma resistencia al fuego del bosque se pierde durante años de sequía severa, cuando la capa de combustible del bosque se seca. Y cuando la capa de combustible arde, la probabilidad de que ocurra otro incendio aumenta, tal como explicamos a continuación. A medida que el bosque se incendia repetidamente, los pastos invaden el terreno y un bosque una vez resistente al fuego puede ser reemplazado por vegetación de matorral propensa al fuego, como describimos recientemente en nuestro experimento de incendios forestales a largo plazo en Mato Grosso.

Las interacciones entre la sequía, los incendios, la tala y el cambio climático podrían impulsar un reemplazo a gran escala de la selva amazónica por vegetación de matorrales propensa al fuego. (Fuente: Cambio climático 2014: Impactos, adaptación y vulnerabilidad, Parte A: Aspectos globales y sectoriales. Contribución del Grupo de trabajo II al Quinto informe de evaluación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, Cambridge University Press)

La pérdida del bosque en sí también puede provocar sequías e incendios forestales. Esto se debe a que las lluvias en la Amazonía dependen del agua liberada a la atmósfera por sus árboles profundamente enraizados. Como hemos demostrado, la reducción de las precipitaciones debido a la deforestación podría incluso ser suficiente para hacer inviables las principales centrales hidroeléctricas de la Amazonía, como la represa de Belo Monte. El «punto de inflexión», el área de desbroce del bosque más allá de la cual la reducción de las precipitaciones y la sequía severa empujan al bosque a la vegetación de matorrales propensa al fuego a nivel regional, no se conoce con precisión. El plan más seguro para la Amazonía para prevenir incendios, asegurar las precipitaciones, mantener la producción de energía en las centrales hidroeléctricas y aumentar nuestras posibilidades de evitar un cambio climático catastrófico, es asumir que Brasil está cerca al límite, con aproximadamente 20% de bosque despejado. La reforestación de tierras despejadas, que solo son marginalmente productivas, aseguraría aún más el régimen de lluvias de la Amazonía y reduciría el riesgo de cruzar el punto de inflexión.

Aclarando los hechos: no sabemos la extensión exacta del incendio en la selva amazónica

Sabemos mucho menos sobre el incendio en la Amazonía que sobre la deforestación en dicha zona y eso dificulta los esfuerzos para prevenir y controlar los incendios forestales. Cuando un satélite detecta un incendio, no es capaz de especificar si está ocurriendo en una área degradada de pasturas, un campo cubierto de vegetación o un parche de bosque talado para dar paso a cultivos o a la ganadería. Los satélites NO detectan la mayoría de los incendios que se producen debajo del dosel de los bosques en pie. Y son estos incendios bajos, que rara vez alcanzan las raíces áreas del árbol, los que causan el mayor daño, ardiendo lentamente a lo largo del suelo del bosque, matando árboles gigantes con corteza delgada. Una vez que estos árboles mueren y caen al suelo, abren enormes brechas en el dosel del bosque permitiendo que más luz solar penetre hasta el suelo del bosque, secando la capa de combustible y haciendo que el bosque sea aún más propenso a incendios. Durante años de severas sequías, como las que generalmente acompañan a los eventos de El Niño, el área de bosque amazónico en pie que se incendia puede superar con creces el área talada con motosierras.

Lo que sabemos sobre la actual emergencia del incendio en la Amazonía es que, desde el 1 de enero hasta el 31 de agosto de 2019, hubo aproximadamente un 7% más de incendios en los estados amazónicos de Brasil en comparación al promedio desde 2010 (ver gráfico). No sabemos a ciencia cierta cómo se compara el área del incendio con la de años anteriores.

Es importante tener en cuenta que la temporada de incendios acaba de comenzar, y que la mayoría de los incendios se producen de septiembre a diciembre. Con las previsiones de una larga estación seca, el número de incendios podría seguir siendo mayor de lo habitual.

También sabemos que es una temporada de incendios particularmente humeante. Probablemente esto esté relacionado con la gran cantidad de «incendios por deforestación», aquellos que pretenden quemar parches de bosque que han sido talados para dar paso a pasturas para ganado o campos de cultivo. Un incendio que arde en una hectárea de bosque talado libera mucho más humo que un incendio que se produce en una hectárea de pastizales degradados. No sabemos con exactitud el área de bosque en pie que se ha incendiado. Sin embargo, los incendios forestales generalmente ocurren al final de la estación seca.

Gráfico del número de «puntos calientes» (incendios) contados por la NASA desde los satélites MODIS de enero a agosto de 2010-2019 (desviación promedio y estándar), 2019 y 2018 para la Amazonía brasileña. Las tendencias que se observan aquí son similares a las estimaciones de puntos calientes de la Agencia Espacial Brasileña (INPE) para la Amazonía brasileña.

Recomendaciones para Brasil

1. Expandir el liderazgo global de monitoreo forestal de Brasil para incluir evaluaciones anuales de las cicatrices de incendios forestales

Hay una necesidad urgente de contar con mapas anuales de los bosques en pie que han sufrido un incendio para complementar los mapas anuales de deforestación producidos por el programa PRODES de la Agencia Espacial Brasileña (INPE). Es esencial que estas evaluaciones anuales continúen estando disponibles gratuitamente, sin interferencia política. Los algoritmos para mapear la escala del bosque amazónico, como «CLASfire» desarrollado por Ane Alencar y Greg Asner, podrían usarse para este propósito.

2. A corto plazo: mejor gestión de incendios, alerta temprana y brigadas contra incendios

El punto de inflexión puede posponerse apagando incendios forestales antes de que causen daños mayores, y nosotros sabemos cómo hacerlo. La brigada contra incendios de Aliança da Terra en Brasil detecta incendios de manera temprana a través de una red voluntaria de terratenientes y comunidades, y una brigada de respuesta rápida se encarga de apagarlos. Han capacitado a cientos de bomberos, incluidos los pueblos indígenas y el personal agrícola. Dado que los incendios forestales tienden a ser bajos en altura, hasta las raíces aéreas o incluso aún más bajos, se pueden contener despejando la capa de combustible en un estrecho cortafuegos a lo largo del suelo del bosque.

Este año, FUNAI, la agencia federal de los pueblos indígenas brasileños, no autorizó a Aliança a apagar incendios en el parque indígena de la cabecera del río Xingu, y como resultado los incendios forestales se prolongaron por más tiempo.

Con la gran cantidad de incendios detectados tan temprano en el año, Brasil debería estar en alerta de incendios intensos, preparándose para detectar y extinguir los que escapen de sus límites previstos. La Brigada Aliança y enfoques similares en toda la región amazónica necesitan recibir apoyo financiero con urgencia.

3. A corto plazo: educación pública sobre el manejo de incendios

El fuego es una herramienta esencial de gestión de la tierra para muchos agricultores amazónicos; en el corto plazo, es la forma más rentable y eficiente de preparar el suelo para plantar cultivos o pasturas. Por lo general, los parches de bosque o vegetación en barbecho se cortan, se dejan secar y luego se incendian. Estos incendios liberan nutrientes en el suelo para los cultivos jóvenes, ya que reducen las poblaciones de plagas de insectos y plantas. En la mayoría de los trópicos rurales, los agricultores continuarán usando fuego en el futuro previsible. Al educar a los agricultores en técnicas de prevención y manejo de incendios, incluyendo cuándo y dónde no inducir un incendio, cómo controlar incendios y cómo reducir el riesgo de incendios accidentales, la ocurrencia de incendios podría reducirse en gran medida en los paisajes tropicales.

4. A largo plazo: desarrollo rural con baja incidencia de incendios

Las estrategias a largo plazo para posponer el punto de inflexión al reducir la incidencia de incendios forestales deberían centrarse en los sistemas de producción de las granjas de la región. Cuando huertos sensibles al fuego y sistemas agroforestales para producir café, açaí, cacao, madera, caucho, frutas y otros productos se establecen en granjas, los propietarios tienden a invertir más en la prevención de incendios y a usarlos menos como herramienta de gestión del suelo. Estos cultivos también pueden proporcionar mayores ingresos. Su adopción a mayor escala dependerá de una mayor inversión en asistencia técnica, extensión rural, desarrollo de mercado y comercialización. Estas inversiones son esenciales para permitir que Brasil continúe su trayectoria de éxito, que ahora está amenazada, en desacelerar la deforestación y aumentar la producción agrícola y ganadera.

5. A largo plazo: traducir las enormes reducciones de emisiones de carbono de Brasil en propuestas de valor para comunidades, agricultores y gobiernos

Brasil está mejor posicionado que cualquier otra nación para liderar el camino hacia la economía baja en carbono. Las más de 7 mil millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono que se han evitado a través del enorme y exitoso esfuerzo de Brasil para frenar la deforestación del Amazonas ahora están a punto de monetizarse. Los contratos de «pago por desempeño» del gobierno nacional brasileño con Noruega y Alemania, ambos suspendidos recientemente debido a los cambios realizados en la estructura del Fondo Amazonas, y más recientemente, con el Fondo Verde para el Clima son solo una manifestación de esta valoración. Alemania y el Reino Unido hace poco comenzaron un acuerdo similar de pago por desempeño con los estados de Mato Grosso y Acre. Todos estos contratos dependen del éxito continuo de Brasil en desacelerar la deforestación, un resultado que será difícil de lograr si se reducen los presupuestos y se debilitan las agencias críticas de aplicación de la ley y si la retórica del presidente Bolsonaro continúa alentando la impunidad entre los agricultores.

Si Brasil logra mantener bajas tasas de deforestación, el alcance de la valoración será mucho mayor. Con la finalización de la Estrategia REDD + de Brasil en 2017, el camino está despejado para traducir las reducciones de emisiones en productos básicos neutros en carbono, en créditos voluntarios de carbono y, finalmente, en créditos por cumplimiento.

La portada de este libro es una fotografía de un típico incendio forestal en la Amazonía. Una vez que un bosque arde, los incendios posteriores se hacen más grandes e intensos. A medida que los árboles mueren y las pasturas se mueven hacia el sotobosque, la quema recurrente transforma el bosque en vegetación de matorral baja en carbono y especies.

Recomendación para la comunidad internacional

1. A corto plazo: California debe aprobar su Estándar de Bosques Tropicales

La Junta de Recursos del Aire de California votará sobre el TFS el 19 de septiembre, el cual ha sido desarrollado, discutido, debatido y refinado durante los últimos once años. Una vez que esté finalizado, el camino será claro para establecer una alta meta para el desempeño social y ambiental de los estados brasileños que buscan monetizar sus reducciones de emisiones y atraer inversiones para sus estrategias de desarrollo forestal bajo en carbono. El TFS, aplicado a los estados de Brasil, proporcionaría un poderoso vínculo entre el flujo de pagos para la reducción de emisiones y la mejora continua en el desempeño social y ambiental de dichos estados.

2. A corto plazo: una estrategia de emergencia para reconocer y recompensar el cumplimiento del Código Forestal

Brasil ha establecido el estándar más alto de conservación de bosques del mundo para sus agricultores. La ley requiere que un agricultor amazónico reserve al menos el 80% de sus tierras para bosques. El requisito forestal fue del 50% hasta 1996. Este cambio radical en la cubierta forestal obligatoria ha sido difícil de implementar e impuso enormes costos de oportunidad a los productores.

El Código Forestal está en riesgo y podría ser debilitado o destruido por el gobierno brasileño con un fuerte apoyo del sector agrícola. Alternativamente, una agenda de emergencia para reconocer y recompensar a los agricultores que logran cumplir con el Código Forestal, a pesar de las ineficiencias de las agencias gubernamentales, podría ayudar a salvaguardar el Código Forestal. Estas recompensas podrían incluir un mayor acceso a financiamiento, mercados y asistencia técnica, así como procedimientos simplificados para la obtención de licencias. Los agricultores que tienen más bosques de los requeridos legalmente merecen una compensación por las ganancias perdidas asociadas con la conversión del bosque a la producción de soja o la ganadería. Dicho mecanismo está en desarrollo para la región del Cerrado de Brasil.

3. A largo plazo: haga negocios en los estados que están haciendo la transición hacia un desarrollo bajo en carbono, favorable para los bosques y la comunidad

Las campañas de promoción han tenido mucho éxito al obligar a las empresas a adoptar compromisos para combatir la deforestación tropical. De alguna manera, estas campañas han tenido demasiado éxito. Los gobiernos progresivos de la Amazonía que se esfuerzan por expandir la producción agrícola mientras reducen la pérdida y aceleran la recuperación de los bosques tropicales han tenido dificultades para atraer socios corporativos e inversionistas en sus estrategias. La estrategia de «Producir, conservar, incluir» de Mato Grosso es solo un ejemplo. Los objetivos de esta estrategia por sí sola, si se logran, mantendrían cuatro mil millones de toneladas de carbono forestal fuera de la atmósfera y en los troncos de los árboles. Sin embargo, la estrategia requerirá un mayor nivel de inversión privada y reconocimiento del mercado para tener éxito.

Los «Campeones de los bosques tropicales» están diseñados para apoyar a los gobiernos estatales, como Mato Grosso, a ganar un mayor reconocimiento y atraer las inversiones y los socios que necesitan para promover sus estrategias de desarrollo bajo en carbono y bajo en incendios.

Acknowledgements: Matt Warren, Claudia Stickler, Jonah Busch, João Shimada, Peter Schurmann, Elsa Mendoza, Toby McGrath and Olivia David contributed to this blog. Supported by a grant from the Norwegian Development Agency to the Earth Innovation Institute.

LITERATURA:

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