2020
Mar

Previniendo la Muerte de la Selva Amazónica

¿Cuál es el futuro de la selva Amazónica?

Si las tendencias actuales continúan, los incendios forestales durante periodos de sequía extrema combinados con la deforestación, podrían desplazar grandes áreas de selvas con vegetación de matorrales que son más proclives al incendio y con pastos para la ganadería. Debido a que la selva en sí misma genera mucha de la lluvia que cae sobre el Amazonas, la pérdida continua de selva causará sequías más frecuentes y severas, lo cual desencadena una viciosa espiral en caída.

Esta es la muerte de la selva amazónica, una amenaza inmediata y continua hacia el bosque de lluvia tropical más grande del mundo, y, por ende, hacia los esfuerzos dirigidos a frenar el calentamiento global.

Piénselo de esta manera: con al menos alrededor de medio billón de toneladas de dióxido de carbono almacenados en los árboles del Amazonas, y una muy buena probabilidad de que una décima parte o más de este carbono sea liberado a la atmósfera por el transcurso de los siguientes 20 o 30 años a través de la deforestación y la muerte de la selva, es esencial tener éxito en la protección de la selva Amazónica para abordar el cambio climático. 

¿Es posible evitar la muerte de la selva amazónica? Después de estudiar esta pregunta por muchos años, considero que la respuesta es “Sí – al menos por unas pocas décadas, y quizás indefinidamente. Sin embargo, hacerlo dependerá en nuestra habilidad de evitar tres umbrales críticos, muchos sobre los cuales ya sabemos, quizás irónicamente, a través de experimentos de campo que acabaron con la vida de árboles del Amazonas.

Tres Umbrales de la Muerte de las Selvas

La probabilidad de una muerte a gran escala de la selva amazónica dependerá en la frecuencia y el grado de extensión en que sobrepasemos estos tres umbrales interrelacionados de la selva; sequía, incendio, y el “punto de quiebre” de pérdida de selva. EL progreso en cualquiera de estos, de manera contraria, reduce el riesgo de llegar al tercero, por ende, ayudando a proteger a la selva – y al planeta – de este punto de inflexión.

Desde el 2000 hasta el 2005, el autor lideró un experimento en el Bosque Nacional de Tapajós para simular una Amazonas más seca, a través de la instalación de 6,000 paneles de plástico encima del suelo de la selva, desviando 30% de la lluvia entrante a canaletas y trincheras. Acá se muestra una vista aérea del experimento. Fotografía: D. Nepstad

Umbral #1: Sequía El primer umbral es la cantidad de lluvia anual por debajo de la cual un árbol adulto del Amazonas empieza a morirse, incrementando la susceptibilidad de la selva al incendio. A principios de 1990, inicié preparaciones para conducir un experimento con el objetivo de medir este umbral. Junto con un gran equipo de científicos colaboradores y técnicos de campo, simulamos tener a una porción de Amazonas más seca en una parcela de una hectárea de selva en el Bosque Nacional de Tapajós. Con 6,000 paneles de plástico suspendidos sobre el suelo de la selva, los cuales desviaban la lluvia a una red de canaletas y trincheras, pudimos reducir la cantidad de lluvia que llegaba al suelo en una medida de alrededor de 30%. 

Alcanzamos el umbral de sequía durante el tercer año del experimento, en 2003. Dentro de unos pocos meses, los árboles que comprendían un tercio de la biomasa de la selva murieron. La habilidad del bosque para tolerar la sequía fue asombrosa – ¡Los árboles evitaron los efectos de la sequía absorbiendo la humedad almacenada en el suelo en una profundidad de hasta doce metros! Esto es una buena noticia para una región que probablemente será sometida a episodios de sequía más extremos, mientras progresa el cambio climático.

Como si lo hubiera hecho para probar la validez de nuestros hallazgos, la Madre Naturaleza desató una sequía masiva en la región del Amazonas dos años después, secando ríos y suelos, aislando a las comunidades aledañas a los ríos, y matando alguna parte del dosel arbóreo a lo largo de las grandes extensiones del Amazonas.

Umbral #2: Incendio El segundo umbral es la severidad del incendio que en proporción es mayor al grado en que la selva Amazónica puede reemplazarse con vegetación de matorrales.

Durante los años de lluvia normales en el Amazonas, tal como en el 2019, las selvas saludables que nunca han sido dañadas por los madereros o por previas quemas simplemente no se incendian porque no son lo suficientemente secas. Un gran número de incendios detectados en las Amazonas de Brasil durante ese año fueron en su mayor parte trazas de selva previamente despejada, pastizales infestados de maleza y selvas degradadas.

Las selvas saludables extienden grandes barreras rompe fuego a lo largo del paisaje del Amazonas, impidiendo que los incendios realizados deliberadamente por terratenientes para contrarrestar la maleza en sus pastizales o para despejar áreas recientemente ocupadas de selva. Cuando las sequías son severas, estas selvas saludables se vuelven vulnerables al fuego, haciendo que se pierda esta función de barrera contra los incendios. Una vez encendidas, pueden quemar por semanas o meses, visibles desde afuera de la selva en la forma de líneas largas de humo que se elevan por encima del dosel arbóreo.

Los incendios en las selvas Amazónicas saludables no son los infiernos de grandes alturas que se muestran en las coberturas mediáticas sobre los incendios en el Amazonas, de hecho, parecen totalmente inocuos – pequeños y de lento movimiento. Se puede caminar por encima de ellos (foto). Son relativamente fáciles de extinguir si pequeños equipos de personas entrenadas pueden llegar al incendio. Hoy, tales equipos existen solo en unos pocos lugares en el Amazonas.

Para mi siguiente gran experimento asesina-árboles, quemé parcelas de bosque de 50 hectáreas en una gran finca de soya ubicada en un bosque de Mato Grosso, en donde apenas hay suficiente lluvia para sostener a los bosques y en donde la temporada seca es lo suficientemente fuerte cada año para que el bosque se torne flamable. En 2008, le entregué el liderazgo de este experimento a Paulo Brando, quien era gerente de campo y mi principal colaborador en el experimento de Tapajós y ahora es Profesor Asistente en University of California Irvine. 

Los incendios forestales experimentales que realizamos durante laos primeros tres años sólo tuvieron efectos menores en la selva, matando alrededor de 5% de los árboles adultos cada año. Después llegó 2007 y la temporada de sequía severa con altas temperaturas y vientos fuertes; los incendios fueron más altos y calientes ese año y quemaban durante la noche en vez de apagarse como lo hacían usualmente. La mitad de los árboles adultos en la selva murieron después del incendio de 2007. La abundante luz solar que llegaba al suelo de la selva en ausencia de esos árboles muertos permitió la proliferación de pastos, hierbas y matorrales altamente flamables (foto). Habíamos alcanzado el umbral. Los incendios subsecuentes fueron mucho más intensos debido a la abundancia de fino combustible. La selva se transformó en un pastizal con maleza con unos pocos árboles esparcidos, aun cuando esta selva nunca había visto una motosierra.

En el 2004, el autor lideró un nuevo experimento para evaluar el impacto de un incendio en una selva saludable en la finca “Fazenda Tanguro” en Mato Grosso, Brasil. En esta foto podemos ver la selva experimental después de seis años. Pastos altamente flamables se han movido al lugar donde solía estar una selva densa.

Umbral #3: Pérdida de selva y de lluvia—el “punto crítico” El tercer umbral es el área de selva perdida más allá de la cual la lluvia se inhibe lo suficientemente y los primeros dos umbrales se han sobrepasado con mayor frecuencia. Este umbral se predice a través de algunos – sin embargo, no todos – los experimentos de modelación del clima y la vegetación que se han conducido en Amazonas. 

Mucha de la Lluvia que sostiene a la selva amazónica se genera por medio de la misma selva. Con cada parche de selva que se pierde, especialmente a lo largo del margen de la selva que da contra el viento en el este, la cantidad de evapotranspiración – vapor de agua producido por la selva – se reduce, robándole a las nubes la humedad esencial e incrementando la probabilidad de que las sequías excedan los primeros umbrales. Estamos realizando pruebas sobre dónde está ubicado este umbral con cada nuevo incremento de pérdida de selva. Hay evidencia fuerte de que la lluvia ya se ha inhibido localmente dentro del Amazonas. Los incendios forestales, mientras tanto, son más comunes en paisajes con altos niveles de pérdida de selva. Algunos científicos han argumentado que ya hemos alcanzado este “punto crítico”.

Previniendo la Muerte

Hay una receta simple para prevenir la muerte de la selva amazónica: frenar la pérdida de selva, acelerar su recuperación en los lugares que se han despejado o dañado y prevenir y extinguir los incendios forestales cuando ocurren. Maximizando esta cobertura de selva, especialmente en la parte que está en contra del viento, en el margen este del Amazonas, podemos reducir la severidad de sequías extremas y asesinas, asegurando la lluvia que sostiene la selva y los sistemas de agricultura de los cuales dependen los habitantes del Amazonas. Previniendo los incendios forestales, protegemos las selvas contra el segundo umbral.

Pérdida Lenta de Selvas Desde 2004 hasta 2012, la Perdida de selva amazónica debido a motosierras se redujo de 24,000 km2 a 3,500 km2 a través de una estrategia inter-agencia para la aplicación de la ley, expandir la red de área protegida y suspender créditos de agricultura en condados de alta deforestación (Nepstad et al. 2014). El ingrediente faltante en esta estrategia era los incentivos positivos para los agricultores, negocios y comunidades rurales que estaban protegiendo las selvas – era solo palo y nada de zanahoria. Mientras entramos en una década nueva, el crecimiento rápido del mercado de carbón voluntario representa una (ciertamente no la única), manera de brindar estos incentivos que hacen falta

Recuperación Rápida de Selvas Un secreto muy poco conocido sobre la selva amazónica es que es asombrosamente tenaz. Si se corta, rápidamente retoña después de todo tipo de uso de tierras excepto el más extremo, tal como la labranza profunda y el envenenamiento con agente naranja. Los muñones de los troncos y los sistemas de raíces envían nuevos retoños; semillas enterradas en el suelo o depositadas por pájaros, murciélagos o mamíferos terrestres germinan y se convierten en árboles pequeños. Si se protegen contra el fuego, la regeneración natural de la selva podría reclamar grandes áreas de tierra amazónica que es de utilidad marginal para agricultura y ganadería, con la Madre Naturaleza haciendo la mayor parte del trabajo. Si a esto se le añaden los requerimientos legales que los agricultores tienen para reforestar sus zonas ribereñas por el transcurso de los próximos 20 años y uno puede fácilmente imaginar una estrategia para retornar un tercio de las tierras despejadas del amazonas – alrededor de 20 millones de hectáreas – al sustento de lluvia que recupera la selva.

Tanto frenar la pérdida y acelerar la recuperación de los bosques tropicales puede ser un objetivo para la demanda de mercado voluntario rápidamente creciente para las “compensaciones” de bosques tropicales – incentivando la regeneración y restauración natural de la selva, mientras se compensa a los terratenientes que están cuidando de más bosques en sus fincas de lo que la ley requiere.

Prevenir y Controlar Incendios Forestales Los primeros incendios que arden en las selvas saludables son relativamente fáciles de apagar porque son tan lentos y pequeños. Para contener un incendio forestal como el que aparece en la foto de arriba, es suficiente barrer las hojas y restos de ramas que están en la línea del frente del fuego, y después mover o cortar los troncos y ramas caídas que podrían llevar el fuego a lo largo de la barrera. Una vez se hace la barrera, una fogata puede encenderse para consumir el combustible que está en el camino del incendio y prevenir que salte la barrera. Los retos clave son detectar el incendio antes de que haga mucho daño y llegar al incendio con personas apropiadamente entrenadas y equipadas para apagarlo.

Los incendios en selvas saludables son difíciles de detectar porque son en su mayor parte, invisibles a los satélites. Los sensores de satélite infra rojo que mapean la actividad de incendios en Amazonas, por ejemplo, no detectan fuego que quema a lo largo del suelo de las selvas saludables. Simplemente no hay suficiente calor siendo liberado. 

En vez de esto, la mejor manera para detectar los incendios forestales es organizar a los terratenientes y a los guardabosques para que los reporten. Quien vea una línea de fuego elevándose por encima de una selva saludable debería saber a quién contactar. 

Esto es exactamente lo que la organización no gubernamental Aliança da Terra ha hecho a través de su brigada de selva —Aliança Brigada. Ellos han extinguido docenas de incendios forestales dentro de territorios indígenas, en ranchos de ganadería y en pequeñas fincas a través de un pequeño equipo dedicado y más de 600 bomberos voluntarios entrenados – incluyendo muchas personas de origen indígena – quienes pueden ser llamados para ayudar a apagar los incendios. Aliança trabaja de manera cercana con las brigadas de fuego del gobierno en estos esfuerzos. 

Una Ventana de Oportunidad

El interés global en soluciones para el cambio climático que frenen la deforestación y que financian la restauración de las selvas está elevándose por las nubes.  Los incendios amazónicos del 2019 pusieron a esta problemática el frente y en el centro de las mentes de las personas, uniendo la protección de los bosques tropicales directamente a la lucha más amplia para frenar el cambio climático. Los compromisos corporativos para lograr neutralidad de carbón a través de compensaciones que pueden financiar estrategias de conservación de selvas, mientras estas se llevan a cabo, aun cuando las jurisdicciones a lo largo de los trópicos están activamente posicionándose para maximizar los beneficios de financiación climática para sus selvas y comunidades. 

Será considerablemente más difícil para la humanidad prevenir el catastrófico cambio climático en la ausencia de una estrategia efectiva para postergar o prevenir la muerte de la selva amazónica. Ahora es la oportunidad para desatar el poder de la regeneración natural de la selva, para acelerar la reforestación obligatoria a través de incentivos financieros, recompensar a los agricultores por proteger sus selvas y organizar redes de voluntarios de detectores de incendios y de bomberos a lo largo del Amazonas para prevenir y apagar los incendios forestales. Es posible reducir el riesgo de que los tres umbrales de sequía, incendio y pérdida de selva se sobrepasen en un vicioso espiral en caída. Esto haría que la muerte a gran escala de la selva amazónica sea menos probable, pero sólo sucederá si frenamos la deforestación, aceleramos la recuperación de las selvas y nos ponemos serios en el tema de detectar y apagar incendios forestales muy pronto. 

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