2020
Sep

Cómo puede la Unión Europea ayudar a frenar la deforestación en los trópicos: Preguntas & Respuestas con Bjørn Thomsen

Por más de dos décadas, Bjørn Rask Thomsen ha ayudado a que la sostenibilidad sea un pilar en la política del comercio internacional en Noruega y en una gran parte de Europa. Como ex Director General de Denofa, un importante importador europeo de soya sostenible, Thomsen incorporó el cambio climático en el núcleo de la estrategia de crecimiento de la compañía. Ahora él continúa este trabajo como el Director de Earth Innovation Institute para Europa, en donde se enfocará en fomentar alianzas y colaboración entre empresas,  gobiernos y organizaciones sin ánimo de lucro que están trabajando para reducir la deforestación y la pérdida de biodiversidad en las regiones de bosques tropicales.

¿Qué lecciones y experiencias de su posición previa pueden aportar en su nuevo cargo en EII?

Como Director General de Denofa [cuyos dueños son unos de los mayores productores y exportadores de soya de Brasil, el Grupo Amaggi] me esforcé por construir puentes entre las culturas de Brasil y Noruega, o mas bien, de Brasil y Europa.

Fue clave entender la posición de Brasil, explicar la posición de Europa, explicar el sentimiento de los consumidores y cómo éste se traduce en compromisos de negocios, así como también el por qué los brasileros necesitaban tomarse todo esto en serio. Con el transcurso de los años, continué comunicando este mensaje.

Hay una gran cantidad de buen trabajo que se está realizando en Europa, sobre todo muchos compromisos hacia la sostenibilidad, pero hay muy pocos vínculos directos con comunidades locales en regiones de bosques tropicales, que es algo que EII sí tiene.

Me gustaría ayudar a construir puentes que permitan que cada una de las partes se conozca una con la otra y formen alianzas de colaboración de región a región para que se incremente la probabilidad de éxito.

Las tasas de deforestación están subiendo en Brasil. ¿Cómo puede Europa ayudar a reducirlas nuevamente?

En el 2015, Noruega implementó  compromiso para soya sostenible certificada de cero-deforestación (PDF) a lo largo de toda su industria de alimentación para animales. Yo fui parte de ese proceso y viajé a Brasil para conocer a los representantes del estado de Mato Grosso [el estado productor de soya más grande de Brasil].

El mensaje de los productores fue: nosotros los necesitamos aquí, necesitamos a empresas responsables que permanezcan involucradas y nos ayuden a una forma de avanzar; y a mantener el dialogo activo para mantener la confianza y compartir aprendizajes. La regulación solo funciona cuando es verdaderamente precisa, y para que sea precisa, se necesita el dialogo, de lo contrario las políticas – sin importar cuán bien intencionadas estén – fracasan.

Los bosques colindan con campos talados en Brasil.

Los legisladores del Reino Unido y de la Unión Europea están  considerando iniciativas para eliminar la deforestación de sus cadenas de abastecimiento. ¿Esto representa una amenaza a este dialogo?

No estoy preocupado por eso. En absoluto. Estoy muy motivado por la disposición a regular, y esto es por la simple razón de que esto es más efectivo. Hace una década, vimos muchos compromisos hacia la sostenibilidad realizados por empresas privadas. Posteriormente, hace alrededor de cinco o seis años, vimos mucho discurso de relaciones públicas girar alrededor de metas climáticas en 2020, 2030 e inclusive 2050. Sin embargo, no hay un mecanismo de control confiable para determinar si las empresas están cumpliendo con esas promesas. Inclusive ahora, las empresas que operan por fuera de los compromisos disfrutan de una ventaja competitiva simplemente porque evitan los costos añadidos. Aquí es donde entra en juego la legislación, incluyendo el Tratado de Comercio Mercosur-EU  que está pendiente de realizarse.  Necesitamos avanzar de mensajes de campañas de relaciones públicas alrededor de compromisos futuros hacia acuerdos comprometedores, que se firmen y se implementen. Y necesitamos que el compromiso aplique a cada negocio en aquel mercado particular, ya sea dentro de las fronteras nacionales o de pared a pared a lo largo de la UE. Esto es lo que hicimos en Noruega, en donde toda la industria alimentaria firmó un acuerdo vinculante que se convirtió en parte de todos los contratos comerciales de soya. Sin embargo, hay que entender correctamente el lenguaje de la legislación, y nuevamente, hacer lo que sea necesario para permanecer involucrado.

Europa y Brasil parecen estarse moviendo en direcciones opuestas, uno enfatiza la sostenibilidad y el otro el desarrollo y la expansión agrícola. ¿Hacia dónde ve usted que van las cosas?

Lo que veo que está pasando en Europa ahora es que, bajo el Tratado Ecológico Europeo, los países de la UE están en búsqueda de sus propias estrategias nacionales de proteína como alternativas a la soya importada que se utiliza como alimento agropecuario. Los países EU están invirtiendo miles de millones de dólares en investigación y desarrollo para obtener nuevas y más sostenibles fuentes de proteína, bien sea obtenida de algas, o de fuentes cultivadas marítimamente. En Dinamarca, están hablando de proteína de pastos para la alimentación de porcinos y vacas lecheras. La investigación y desarrollo toma tiempo…sin embargo llegará. Es como cosechar una semilla. Estas son cosas que están por venir y algún día entrarán en competencia con la soya. Brasil, que abastece a casi un tercio de la soya del mundo, necesita tomarse esto en serio. De lo contrario, la demanda de la UE por soya se estancará y disminuirá sobre el transcurso de las próximas décadas.

¿Brasil se está tomando en serio la potencial pérdida del mercado de la UE?

Cuando estuve en Denofa, viajé a Brasil muchas veces al año para reunirme con ejecutivos de empresas, quienes en algún punto expresaron su irritación ante las interminables demandas de sostenibilidad provenientes de Noruega y Suecia. Sin embargo, en ese entonces, alrededor de tres o cuatro años transcurridos de realizar mi trabajo ahí, ellos me reconocieron que lo que estaban escuchando de Noruega era una señal de la futura demanda de parte del resto de la UE. Esto cambió su percepción y por ende ellos se movieron hacia esta tendencia.

Hoy, hay empresas y agricultores en Brasil que son receptivos ante estas mismas demandas, ellos están convencidos de que ésta es la dirección correcta  a pesar de los obstáculos – tanto burocráticos como financieros. Ellos creen en esto. Lo que me preocupa es que estos campeones que luchan por la sostenibilidad se pierden en la historia que se cuenta hoy sobre Brasil. Los agricultores que tratan de hacer lo correcto quedan mancillados con las mismas generalizaciones que pintan a Brasil como una causa perdida.

¿Cómo se pueden apoyar a las empresas que están intentando hacer lo correcto?

El sector financiero es muy importante. En Brasil, los préstamos de bancos son parte clave del financiamiento de la deforestación. El sector financiero Noruego, liderado por la Gestión Activos de Noruega Storebrand y un gran grupo de fondos de pensiones, recientemente le escribieron una carta al presidente de Brasil Jair Bolsonaro haciendo un llamado para un cambio de política. Entre más podamos hacer que los bancos y el sector financiero alineen sus prioridades y responsabilidades con las de otros actores interesados (incluyendo a través de reconocer el 2009 como la fecha de corte para le deforestación, tal como lo hacen otros mecanismos de certificación), podremos mover las cosas con mayor velocidad. 

Lo cual me trae al siguiente punto. En las regiones Nórdicas, pagamos extra por la soya sostenible que es libre de deforestación. Estoy convencido de que, con datos precisos sobre las estructuras de costos de los agricultores, se podría hacer un boceto de legislación para crear mecanismos financieros que ayuden a los agricultores a hacer la transición hacia la sostenibilidad, y ayudar a los países productores a reducir los costos de la agricultura sostenible y libre de deforestación, mientras al mismo tiempo se incrementen los costos para los agricultores que no cumplan. Esto les daría a las materias primas libres de deforestación una ventaja de precio, y con la ventaja competitiva, las fuerzas del mercado repentinamente trabajarían a favor de la conservación de los bosques. La sostenibilidad cae como un guante a la mano con la competitividad, y en Europa, la demanda para sostenibilidad ya está ahí y solo crecerá con mayor fuerza en los siguientes años.

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